"Oliver Laxe incrusta su relato sobre un pirómano en una ficción seudodocumental preñada de infinitos matices, de la contemplación rural a la imposibilidad de ser aceptado"
"Oliver Laxe incrusta su relato sobre un pirómano en una ficción seudodocumental preñada de infinitos matices, de la contemplación rural a la imposibilidad de ser aceptado"
Martín. Mientras fuimos novios, era eso que todos recuerdan: una ternura fiel, una mirada sin sombra y una risa feliz que penetraba desde lejos como el olor de la yerba segada. Hasta que hizo el viaje para encargar las galas de la boda. Con pocos días hubiera bastado, pero tardó varias semanas. Cuando volvió no era la misma; traía cobardes los ojos, y algo como la arena del agua se le arrastraba en la voz. Al decir el juramento en la iglesia apenas podía respirar; y al ponerle el anillo las manos le temblaban..., tanto que mi orgullo de hombre se lo agradeció. Ni siquiera me fijé en aquel desconocido que asistía a la ceremonia desde lejos, sacudiéndose con la fusta el polvo de las botas. Durante tres días tuvo fiebre, y mientras me creía dormido la oía llorar en silencio mordiendo la almohada. A la tercera noche, cuando la vi salir hacia el río y corrí detrás, ya era tarde; ella misma desató la barca y cruzó a la otra orilla, donde la esperaba aquel hombre con dos caballos...
Alejandro Casona: La dama del alba (1944)