viernes, 31 de julio de 2020

"Doctor en Alaska"



"Northern Exposure fue un soplo de aire fresco para la televisión proveniente de Alaska, una absoluta maravilla que enganchó a su -fiel- audiencia con sus personajes pintorescos, sus paisajes imponentes y sus divertidas historias. Cada capítulo era un viaje al norte a vivir extravagantes aventuras, con una sonrisa por equipaje, en compañía de una gran familia imposible de olvidar. Una serie diferente a todo lo que se hacía en los años noventa en la pequeña pantalla, que rebosaba encanto e inteligencia".
Pablo Kurt
FilmAffinity

"Like Joel, a good many viewers may discover that the characters kind of grow on you. A first-rate cast makes it all the more easy. As Ed says to Joel about the gamey mooseburgers, you'll get used to it".
The New York Times (July 12, 1990)

martes, 28 de julio de 2020

Un paseo por París

"Aunque hacía más de un año que Gerhard vivía en la ciudad, cada uno de aquellos recorridos era un misterio para él. Más que por calles y plazas, le parecía moverse por salas y corredores de una casa grande y desconocida, o descender por pozos abiertos en la roca estratificada. En determinados cruces y callejuelas, se acentuaba esta impresión. Gerhard no trataba de explicársela. A él le interesaban menos los monumentos y palacios, testigos de un pasado histórico, que la vida anónima que, poco a poco, como se forma una rama de coral, había ido construyendo la morada -su substancia anímica. Por ello, prefería los  barrios que habían crecido ajenos a las reglas de la arquitectura, aglomerándose en el curso de los años. Innumerables seres desconocidos habían vivido, sufrido y gozado allí. Innumerables vivían aún. Los muros se habían impregnado de su esencia. Era una fuerza poderosa, sí, como un hechizo. Y a Gerhard le parecía que este hechizo podía revelársele de un momento a otro: por una carta, por un mensaje, por un encuentro o una aventura, como sucede en las cuevas encantadas y en los jardines de las hadas.
En aquellos paseos, Gerhard se sentía dotado de una gran sensibilidad. Era como una cuerda en reposo que casi ni necesita mano que la taña. Bastaba un soplo de aire, un rayo de sol, para hacerle vibrar. Lo intangible le rodeaba como un centelleo visible aun para ojos miopes".
Ernst Jünger: Un encuentro peligroso (1980)


Gustave Caillebotte: Rue de Paris, temps de pluie (1877)

domingo, 19 de julio de 2020

"La casa dei doganeri", de Eugenio Montale

La casa dei doganeri


Tu non ricordi la casa dei doganeri
sul rialzo a strapiombo sulla scogliera:
desolata t'attende dalla sera
in cui v'entrò lo sciame dei tuoi pensieri
e vi sostò irrequieto.

Libeccio sferza da anni le vecchie mura
e il suono del tuo riso non è più lieto:
la bussola va impazzita all'avventura
e il calcolo dei dadi più non torna.
Tu non ricordi; altro tempo frastorna
la tua memoria; un filo s'addipana.

Ne tengo ancora un capo; ma s'allontana
la casa e in cima al tetto la banderuola
affumicata gira senza pietà.
Ne tengo un capo; ma tu resti sola
né qui respiri nell'oscurità.

Oh l'orizzonte in fuga, dove s'accende 
rara la luce della petroliera!
Il varco è qui? (Ripullula il frangente
ancora sulla balza che scoscende...).
Tu non ricordi la casa di questa
mia sera. Ed io non so chi va e chi resta.


Eugenio Montale: Le occasioni (1939)

La casa de los aduaneros


Tú no recuerdas la casa de los aduaneros
sobre el escarpado tajo sobre el acantilado:
desolada te espera desde la tarde
en que allí entró el enjambre de tus pensamientos
y allí se detuvo inquieto.

El ábrego azota desde hace años los viejos muros
y el sonido de tu risa ya no es alegre:
la brújula gira enloquecida a la aventura
y el cálculo de los dados no cuadra.
Tú no recuerdas; otro tiempo confunde
tu memoria; un hilo se devana.

Sujeto todavía un extremo del hilo; pero se aleja
la casa y encima del tejado la veleta
tiznada gira sin piedad.
Sujeto un extremo del hilo; pero tú te quedas sola
y aquí no respiras en la oscuridad.

¡Oh el horizonte en fuga, donde se enciende
rara la luz del petrolero!
¿Su paso es por aquí? (Se agita el espumoso oleaje
todavía sobre el acantilado que se derrumba...).
Tú no recuerdas la casa de esta
tarde mía. Y yo no sé quién se va y quién se queda.

[traducción del Aprendiz Extasiado]


Claude Monet: La Maison du Pêcheur (1882)

"La poesia non è fatta per nessuno, non per altri e nemmeno per chi la scrive. Perché nasce? Non nasce affatto e dunque non è mai nata. Sta come una pietra o un granello di sabbia. Finirà con tutto il resto".
Eugenio Montale: Diario del '71 e del '72 (1975)

viernes, 10 de julio de 2020

"Alien, el octavo pasajero" (1979)



"Una película de terror tiene su tempo. Las dos de la madrugada es de veras su hora. El pellizco cunde más. El terror que se asienta en la boca del estómago, a esa hora, despejado el tráfico de la calle, los ruidos del vecino y la intromisión de la ensalada, tiene ya su razón de ser. El terror nació para la noche, para no dejar vivir ni dormir. Últimamente el género se lleva mucho y ahí deben estar los sociólogos prestos a dar una explicación acorde con sus sueldos. Lo que está claro es que buen terror hay poco, dos o tres filmes, cuatro a lo sumo -de entre los cientos que en cine o vídeo nos son dados a conocer- por año. Ninguno, en estos últimos 10, como Alien, que, además osa confundirse con la science-fiction -como ahora se dice- y ser cumbre del cine fantástico. Alien redimensiona el terror más allá del vulgar susto de un brazo saliendo de detrás de una chirriante puerta, crea iconografías nuevas y da, por fin, como diera 10 años antes Kubrick con 2001: una odisea del espacio, un acento adulto, culto, al género fantástico, que así accede a la categoría de mayor tras lustros de, si no desprecio -que también-, sí por lo menos indiferencia.
A todo ello no es ajeno el boom del comic ni la radical afirmación del diseño como fuente de sabiduría intelectual y placer estético.
Bienvenida sea, pues, una vez más esta obra maestra de Ridley Scott, un filme hermoso, tenebroso, tenso, angustioso cuento gótico de horror por cuyas arterias y espeluznantes pasillos corren fantasmas de Conrad y Lovecraft. Es el suspense sobrecogedor, el más sobrecogedor de los últimos tiempos".

Jordi Batlle Caminal (19 de julio de 1989).

sábado, 4 de julio de 2020

"La balsa de la Medusa" (1819), de Théodore Géricault


"Hay un cuadro muy famoso, muy trágico, colgado en el museo parisino del Louvre. Se titula La balsa de la Medusa y lo pintó Géricault, que se hizo célebre solo por este cuadro. La pintura se convirtió en emblema del Romanticismo, pero no solo por la calidad de la obra, sino por el drama real que encerraba la imagen: la odisea de la balsa en la que intentaron sobrevivir ciento cincuenta náufragos de la fragata Medusa, una fatal aventura que duró trece días y que terminó el 17 de julio de 1816. De aquellos ciento cincuenta infortunados sobrevivieron solo diez.
La fragata francesa Medusa embarrancó en aguas poco profundas de la bahía de Arguin, a la altura de Mauritania, con cuatrocientas personas a bordo. El barco no llevaba botes salvavidas para todos, así que se decidió construir una gran balsa que sería remolcada por los botes hasta llegar a la costa. En la balsa se hacinaron ciento cincuenta personas, mientras oficiales y viajeros de alto postín se acoplaron en los botes. Pasados solo unos días, cuando el hambre y la sed apretaron, los que iban en los botes comenzaron a ponerse nerviosos. Arrastrar la balsa era un lastre para alcanzar pronto la costa y, además, temían que los balseros se amotinaran y acabaran asaltados los botes. Solución, cortar las cuerdas y abandonar la balsa a su suerte. La orden la dio el propio capitán.
Trece días tardaron en encontrar la balsa. Trece días en los que se sucedieron a bordo los suicidios, los asesinatos y el canibalismo. Solo encontraron a quince náufragos y cinco de ellos murieron días después. Los otros ciento treinta y cinco fueron arrojados al mar o devorados. [...]
El naufragio de la balsa de la Medusa se convirtió en la obsesión de un pintor llamado Géricault, porque en aquella pintura plasmó no solo el drama de ciento cincuenta náufragos. El lienzo iba cargado de simbolismo por el nefasto momento político que vivía su país entre el loco Napoleón y el arbitrario Luis XVIII: aquella balsa era Francia y Francia iba a la deriva".

Nieves Concostrina: Menudas historias de la Historia