domingo, 31 de enero de 2021

Soneto amoroso, allegro y paisaje (siglo XVIII)

 

SOBRE EL PODER DEL TIEMPO

Todo lo muda el tiempo, Filis mía,
todo cede al rigor de sus guadañas;
ya transforma los valles en montañas,
ya pone un campo donde un mar había.
Él muda en noche opaca el claro día,
en fábulas pueriles las hazañas,
alcázares soberbios en cabañas,
y el juvenil ardor en nieve fría.
Doma el tiempo al caballo desbocado,
detiene al mar el viento enfurecido,
postra al león y rinde al bravo toro.
Solo una cosa al tiempo denodado
ni cederá, ni cede, ni ha cedido,
y es el constante amor con que te adoro.

José Cadalso: Poesías líricas 

                             


W. A. Mozart: Allegro (primer movimiento) - 
Concierto para fagot en si bemol mayor (1774)



Jacob Philipp Hackert: Paisaje con el Palacio de Caserta y el Vesubio (1793)

jueves, 28 de enero de 2021

La organización del tiempo: nuestro calendario

"El calendario que usamos para organizar, controlar y distribuir el tiempo de las actividades humanas lo conforman 365 días, aproximadamente, de 24 horas divididas en ciclos de luz y oscuridad, 52 semanas y doce meses que en conjunto constituyen un año.

El proceso de creación de este instrumento exigió la observación atenta del sol, la luna, las estrellas y los fenómenos naturales; las diferentes culturas lo modificaron para adaptarlo a sus intereses políticos, sociales, económicos o religiosos de la época.
Hace diez mil años los pueblos esclavos habitantes de Egipto y los valles de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y​ Éufrates, observaban, en sus horas de descanso, el cielo nocturno y en especial la luna.
La consideraban una diosa digna de veneración por su capacidad gradual de presentar distintas caras. Así fue como decidieron que entre cada luna nueva celebrarían un día en honor a ella.
Así nació la primera semana de la historia de la humanidad; tenía 30 días, aproximadamente, y con el paso de los siglos se transformó en lo que hoy denominamos mes.
En su observación atenta, además, aquellos esclavos descubrieron que cada siete días, la luna presentaba otras tres formas - creciente, llena y menguante- que merecían también de adoración.
Fueron, entonces, las cuatro fases lunares las que dieron origen a semanas de siete días con uno dedicado al descanso y la celebración en honor a este satélite natural de la Tierra.
Mientras tanto, los esclavistas se preocupaban por la principal actividad económica de aquellos días: la agricultura; por esta razón necesitaban conocer a la perfección las épocas ideales de siembra, cosecha ​y almacenamiento de alimentos.
Con la observación y la práctica agrícola identificaron las estaciones del año, y al relacionarlas con las fases de la luna concluyeron que, por ejemplo, entre una primavera y otra ocurrían doce ciclos lunares. ¡Así nacieron lo​s meses del año!
Los nombres y número de días que conforman nuestros meses fueron heredados del calendario romano o juliano, elaborado por el emperador Julio César, en el año 46 antes de Cristo (a.C.), con la asesoría del astrónomo y filósofo Sosígenes".
Álvaro José Cano: "¿Quién inventó los meses del año?"
(Página web de la Universidad EAFIT)

martes, 26 de enero de 2021

"Retrato de una mujer en llamas" (2019)



“El pintor que no vea ningún mundo dentro de sí mismo, que deje de pintar”, afirmó Caspar David Friedrich, artista alemán que cabalgó entre los siglos XVIII y XIX, legando una huella romántica, misteriosa y sublime. [...]
Mientras el personaje de ficción no alcanza a llevar al lienzo su propio universo interior, de conmoción, resonancias y estímulo, esa condición inexcusable de Friedrich, el cuadro tiende al hielo, al academicismo. Pero cuando entiende lo que ella lleva dentro y lo que comparte con su modelo, comienza a surgir el verdadero retrato de una mujer en llamas. 
Por ambientes, vestuario y vigor expresivo, Friedrich está presente a lo largo de toda la película. En las composiciones de Sciamma, que en momentos puntuales entroncan con cuadros concretos del artista, como ese plano de la futura esposa de espaldas, de pie y rodeada de rocas, envuelta, casi envenenada en azules de distintos tonos, mar, olas y cielo, que rememora el mítico Caminante sobre un mar de nubes (1818), con ambas figuras vestidas de ropajes de tonos verdes. O como ese paseo casi nocturno de tres de las mujeres de la película tras la puesta de sol, con el dominio del azul y del violeta en el plano de Sciamma, que tanto recuerda a Salida de la luna a orillas del mar (1822). O, en fin, todas esas composiciones del crepúsculo, con las figuras de espaldas, tan típicas de Friedrich, tantas veces contornos negros, intermediarias entre el observador y la profundidad de una imagen cargada de color. Es la naturaleza como símil de los estados de ánimo.
Porque, más allá de la forma, es ese fuego romántico el que acaba habitando la obra de Sciamma, ganadora del premio al mejor guion en el pasado festival de Cannes, sobre todo cuando decide acompañar la historia de diversos juegos formales y simbólicos que apenas tienen rastro en la primera hora: metáforas, presencias sobrenaturales, aparición de la música. Una tardanza que, de todos modos, quizá tenga que ver con el necesario crescendo del relato".
Javier Ocaña (18 de octubre de 2019)
"Precipicio de amor prohibido". El País.

lunes, 25 de enero de 2021

"¿Con qué la lavaré?", de Juan Vásquez (c. 1500-1563)



¿Con qué la lavaré 
la tez de la mi cara? 
¿Con qué la lavaré 
que vivo mal penada? 
¿Con qué la lavaré 
que vivo mal penada? 
Lávanse las galanas 
con agua de limones, 
lávanse las galanas 
con agua de limones. 
Lávome yo, cuitada, 
lávome yo, cuitada, 
con ansias y pasiones, 
con ansias y pasiones. 
¿Con qué la lavaré 
la tez de la mi cara? 
¿Con qué la lavaré 
que vivo mal penada? 
¿Con qué la lavaré 
que vivo mal penada?
            
                Juan Vásquez

viernes, 15 de enero de 2021

La identidad (I): Dámaso Alonso, Gil de Biedma y Magritte



YO

Mi portento inmediato,
mi frenética pasión de cada día,
mi flor, mi ángel de cada instante,
aun como el pan caliente con olor de tu hornada,
aun sumergido en las aguas de Dios,
y en los aires azules del día original del mundo:
dime, dulce amor mío,
dime, presencia incógnita,
45 años de misteriosa compañía,
¿aún no son suficientes
para entregarte, para desvelarte
a tu amigo, a tu hermano,
a tu triste doble?

¡No, no! Dime, alacrán, necrófago,
cadáver que se me está pudriendo encima
desde hace 45 años,
hiena crepuscular,
fétida hidra de 800.000 cabezas,
¿por qué siempre me muestras sólo una cara?
Siempre a cada segundo una cara distinta,
unos ojos crueles,
los ojos de un desconocido,
que me miran sin comprender
(con ese odio del desconocido)
y pasan:
a cada segundo.

Son tus cabezas hediondas, tus cabezas crueles,
oh hidra violácea.

Hace 45 años que te odio,
que te escupo, que te maldigo,
pero no sé a quién maldigo,
a quién odio, a quién escupo.

Dulce,
dulce amor mío incógnito,
45 años hace ya
que te amo.

Dámaso Alonso: Hijos de la ira (1944)


CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

Jaime Gil de Biedma: Poemas póstumos (1968)



René Magritte: La reproduction interdite (1937)

jueves, 14 de enero de 2021

"Alegoría del invierno" (1948), de Remedios Varo

 


"Es el uso del dibujo lo que caracteriza la obra de Varo en su etapa mexicana, donde encuentra una nueva dimensión del surrealismo en la interpretación de la realidad desdoblada en distintas versiones, en una mezcla de ficción, sueño y premonición. En este período Varo intensifica su interés por las ciencias ocultas y la alquimia, al mismo tiempo que estudia los avances científicos en las más diversas disciplinas: matemáticas, astronomía, botánica, biología. Su conocimiento se filtra en su obra plástica que reitera recorridos simbólicos por el universo. Alegoría del invierno refleja, además, una constante en su producción: la representación de los seres vivos y la naturaleza, aludiendo también al paso del tiempo, cuya evolución para Varo impone en el cosmos una forma de orden, ritmo y armonía".



lunes, 11 de enero de 2021

Soneto XXXII, de Garcilaso de la Vega


Estoy continuo en lágrimas bañado,
rompiendo el aire siempre con sospiros;
y más me duele el no osar deciros
que he llegado por vos a tal estado;

que viéndome do estoy, y lo que he andado
por el camino estrecho de seguiros,
si me quiero tornar para huiros,
desmayo, viendo atrás lo que he dejado;

y si quiero subir a la alta cumbre,
a cada paso espántanme en la vía,
ejemplos tristes de los que han caído.

sobre todo, me falta ya la lumbre
de la esperanza, con que andar solía
por la oscura región de vuestro olvido.

                                Garcilaso de la Vega



Raffaello Sanzio: Dama con liocorno (c. 1505)

domingo, 10 de enero de 2021

"Dulcinea" (1911), de Marcel Duchamp

 


Marcel Duchamp: Portrait (Dulcinea) (1911)

"This work is an erotic examination of time and movement, a portrait of a mysterious woman that Duchamp noticed on the street and imagined in various states of undress. Studying Étienne-Jules Marey’s (French, 1830 - 1904) and Eadweard Muybridge’s (American (born England), 1830 - 1904) experiments in chronophotography and beginning to develop a formal language for depicting motion in painting, Duchamp portrayed his invented character of Dulcinea here in five successive positions—each bearing less clothing, as if stripped over time. Presenting a series of static images to resemble the frames of a motion picture, Duchamp invites the viewer to animate them mentally into a fluid movement". 

Philadelphia Museum of Art


LA DULCINEA DE MARCEL DUCHAMP

- Metafísica estáis.
- Hago streptease. 

Ardua pero plausible, la pintura
cambia la blanca tela en pardo llano
y en Dulcinea al polvo castellano,
torbellino resuelto en escultura.

Transeúnte de París, en su figura
–molino de ficciones, inhumano
rigor y geometría– Eros tirano
desnuda en cinco chorros su estatura.

Mujer en rotación que se disgrega
y es surtidor de sesgos y reflejos:
mientras más se desviste, más se niega.

La mente es una cámara de espejos;
invisible en el cuadro, Dulcinea
perdura: fue mujer y ya es idea.

                           Octavio Paz: Árbol adentro (1987)


En las notas finales del libro, escribe el poeta:

"En 1911 Marcel Duchamp vio una joven en una calle de Neuilly. No le dirigió la palabra pero su imagen fue el modelo de un cuadro que llamó Retrato o Dulcinea. La joven está representada cinco veces, desde ángulos diferentes; en cada una de ellas aparece más desvestida, hasta la total desnudez. Un surtidor que se divide en cinco chorros. Ni exactamente cubista ni futurista –aunque Duchamp se propuso, como los pintores de esas tendencias, expresar simultáneamente distintos aspectos y momentos de un objeto– este cuadro prefigura a La Novia desnudada por sus solteros, aún... El retrato de esa Dulcinea, imaginaria como la de Don Quijote, es el momento inicial de la larga anamorfosis que es toda la obra de Duchamp: de una muchacha desnuda (la Aparición) a la Idea (la Apariencia: la forma) a la muchacha otra vez (la Presencia)".

viernes, 8 de enero de 2021

"Calabuch" (1956)


"Con su talante irónico y su postura libertaria, Luis García Berlanga, consigue en “Calabuch”, –uno de sus primeros trabajos en solitario–, el film más sutil de su carrera, en el que, sin recurrir al dramatismo evidente o la sátira más burda, pone en entredicho, desde la evolución de la política internacional, a la mísera patochada nacional, en la mitad del siglo veinte. [...]
Aprovecha también Berlanga para reírse, literalmente, de la pretenciosa organización que el estado español del momento intentaba extender a los más recónditos lugares,…y lugareños. Así, frente a la naturalidad e igualdad de los vecinos, se ha de mantener una absurda organización, –política, militar, eclesiástica, etc. –, impuesta desde el poder central. Orden, que al fin y al cabo se desvanecerá ridículamente ante la primera adversidad".
Ángel Lapresta



viernes, 1 de enero de 2021

"Cabaret" (1972)

"Cabaret explores some of the same kinky territory celebrated in Visconti's The Damned. Both movies share the general idea that the rise of the Nazi party in Germany was accompanied by a rise in bisexuality, homosexuality, sadomasochism, and assorted other activities. [...]

Cabaret is about people like that, and it takes place largely in a specific Berlin cabaret, circa 1930, in which decadence and sexual ambiguity were just part of the ambience (like the women mud-wrestlers who appeared between acts). This is no ordinary musical. Part of its success comes because it doesn't fall for the old cliché that musicals have to make you happy. Instead of cheapening the movie version by lightening its load of despair, director Bob Fosse has gone right to the bleak heart of the material and stayed there well enough to win an Academy Award for Best Director".

Roger Ebert (January 1, 1972).
https://www.rogerebert.com