Aprovecha también Berlanga para reírse, literalmente, de la pretenciosa organización que el estado español del momento intentaba extender a los más recónditos lugares,…y lugareños. Así, frente a la naturalidad e igualdad de los vecinos, se ha de mantener una absurda organización, –política, militar, eclesiástica, etc. –, impuesta desde el poder central. Orden, que al fin y al cabo se desvanecerá ridículamente ante la primera adversidad".
Ángel Lapresta
