domingo, 4 de enero de 2026

"El Libro de la Cereza" (2022), de Gustavo A. Liévano

«—Cada palabra es una semilla —le explicó Avellana— que germina y crece cuando llega su hora. Por eso hay que pensar muy bien lo que se dice y lo que se escribe, para que no nazcan monstruos de ellas, sino maravillas.»

Gustavo A. Liévano, El Libro de la Cereza, Imágica Ediciones-Alberto Santos Editor, Madrid, 2022.




El Libro de la Cereza lleva estampado el sello de la singularidad, lo emotivo, la creatividad y el buen hacer.

El autor consigue sumergirnos desde las primeras páginas en un mundo de liberadora fantasía, nos lleva a evadirnos a un espacio irreal. Pero, al mismo tiempo -y he aquí uno de los grandes logros de la obra-, ese mundo nos resulta muy cercano, porque en él cobra especial importancia el espacio de la familia y la cotidianidad. Ese universo, a medio camino entre lo maravilloso y lo doméstico, está regido por sus propios principios siguiendo una lógica sin fisuras. 

Especialmente emotiva es la relación que existe entre Cereza y su bisabuela Nonnia. En algunos momentos de la novela es posible que el lector detenga la lectura porque sus ojos se humedezcan, conmovido por la ternura que despierta el estrecho vínculo que une a estos dos personajes.

Con la precisión de un relojero, el autor engarza en la narración los recuerdos y hechos del pasado que dan sentido al presente en un marco que, paradójicamente, podríamos calificar como atemporal, propio del mito y del cuento. La obra está muy trabajada: presenta un estudiado engranaje narrativo y el estilo es elaborado.

Un libro que ayuda a crecer a los más pequeños y despierta al niño que los adultos llevamos dentro.

El aprendiz extasiado

miércoles, 24 de diciembre de 2025

"Arte" (1994), de Yasmina Reza


IVÁN:

(Como si estuviera solo. Nos habla con voz ligeramente íntima.)… Al día siguiente de la boda, Catalina depositó en el cementerio de San Isidro, sobre la tumba de su madre muerta, su ramo de novia y un saquito de peladillas. Yo me alejé para llorar detrás de una capilla y por la noche, en la cama, recordando en silencio este acto sobrecogedor, volví a llorar desconsoladamente. Tengo que hablar lo antes posible con Hoffermayer de mi propensión a llorar, lloro por todo, cosa nada normal en un chico de mi edad. Todo empezó, o por lo menos se manifestó claramente, la noche del cuadro blanco en casa de Sergio. Después de que Sergio demostrara a Marcos, en un acto de pura demencia, que le importaba mucho más él que su cuadro, nos fuimos a cenar al Delfín Alegre. En el Delfín Alegre, Sergio y Marcos tomaron la decisión de intentar reconstruir una relación arrasada por los acontecimientos y las palabras. En un momento determinado, uno de nosotros empleó la expresión «periodo de prueba» y rompí a llorar. La expresión «periodo de prueba» aplicada a nuestra amistad provocó en mí un seísmo incontrolable y absurdo. En realidad, ya no soporto ningún discurso racional, todo lo que ha hecho que el mundo sea el mundo, todo lo que ha sido bello y grande en este mundo, no ha nacido nunca de un discurso racional.

"Amanecer (marina)" (1872-1873), de Claude Monet

 


J. Paul Getty Museum. Los Ángeles




lunes, 24 de noviembre de 2025

"Baile en el Moulin de la Galette" (1889), de Toulouse-Lautrec

 



Si se compara esta obra con el Baile en el Moulin de la Galette de Renoir (1876), se ven claramente las diferencias entre los dos pintores, interesados en sacar a la luz en el mismo ambiente -un local de Montmartre muy frecuentado por los artistas- diversos aspectos de la vie moderne y en captar de manera contraria su atmósfera. En el lienzo de Renoir triunfan el color y la luz, en una imagen idílica de alegría festiva, en la cual los personajes se comunican entre sí y bailan enlazados bajo una vegetación amigable; en la obra de Lautrec, por el contrario, el dibujo prevalece claramente sobre el color, los tonos son oscuros y los personajes aparecen irremediablemente encerrados en su aislamiento. La "joven prostituta con gorguera, de ojos pícaros un poco ofuscados por el alcohol", según el análisis del cuadro efectuado por Félix Fénéon, sugiere la comparación de este personaje y otras figuras femeninas de bebedoras (La bebedora, À le mie), símbolo de la condición social degradada del proletariado urbano.

Juan Manuel Bonet, Tolouse-Lautrec [col. Los grandes genios del arte. Biblioteca el Mundo], Madrid, Unidad Editorial, 2005.

lunes, 10 de noviembre de 2025

Una xilografía y un haikú

 


Kitagawa Utamaro, "Amantes en una habitación de la sala de té", de la serie Poema de la almohada [«Uta makura»], (c. 1788)



Mitigan algo
el almíbar de estos nísperos
en mi boca.

Wafi Salih: Huésped del alba (2006)


martes, 4 de noviembre de 2025

Roy Lichtenstein and Kate & Anna McGarrigle


 

Roy Lichtenstein: Kiss II (1962)



Kate and Anne McGarrigle: "Kiss and say goodbye" (1975)

Call me when you're coming to town,

just as soon as your plane puts down.
Call me on the telephone
but only if you're travelling alone.
Counting down the hours
through the sunshine and the showers,
today's the day.
You're finally going to come my way.

Let's make a date to see a movie,
some foreign film from gay Paris.
I know you like to think you've got taste
so I'll let you choose the time and place.
Have some dinner for two
in some eastside rendezvous.
Then we'll walk,
arm in arm around the block and talk.

Tonight you're mine.
Let's not waste time.

I do believe the die is cast.
Let's try and make the night-time last.
And I don't know where it's coming from
but I want to kiss you till my mouth get numb.
I want to make love to you
till the day comes breaking through
and when the sun is high in the sky
we'll kiss and say goodbye.

domingo, 24 de agosto de 2025

"Le venti giornate di Torino" (1975), de Giorgio de Maria

 Sotto la fessure della mia porta trovai una lettera indirizzata a me —il nome del mitente era taciuto: se volevo rispondere alla missiva, avrei dovuto andare a deporre il mio scritto dentro una cassetta postale fuori uso nei pressi della stazione Dora. Riporto la lettera per sommi capi:

Egregio signore,

da molto tempo —mesi, forse anni, non so— scrivo ogni giorno una lettera a qualche persona trovata per caso in un vecchio elenco del telefono. Non ho mai ricevuto risposta, ma questo no mi impedisce di continuare. Non so spiegarmi il perché di questa resistenza al dialogo: forse cualquno pensa che io non abbia uno stile abbastanza ornato, o immagina che io voglia intrufolarmi indebitamente, strofinare, per così dire, l'unto della mia anima sui suoi calzoni. Questo non è assolutamente vero!... D'altronde io non chiedo nulla a nessuno, da giovane ho fatto l'assicuratore e vivo del mio. Ma adesso basta coi preamboli e veniamo al dunque: alla reciproca conoscenza, cui farà riscontro la Sua, se ritiene il caso... Tanto per cominciare avevo un cane... Ma forse a Lei del mio cane non importa nulla, per cui Le parlerò di me. Personalmente io sono un uomo bellissimo, magari piccolo ma non di brutto aspetto. La mia vita è modesta ma dignitosa, come quella di tutti. Sera dopo sera salgo nella mia stanzuccia, e qualche volta è una bella fatica perché abito all'ottavo piano e da un po' di tempo non ci sono più né scale né ascensore. Durante la salita, mentre mi aggrappo dove posso, sento venire dall'alto lo scroscio del'immondizia mischiato alle voci beffarde degli inquilini, che però non riesco quasi più a sentire. Quando ce la faccio ad arrivar su, leggo attentamente un vecchio giornale che un giorno ho trovato nella spazzatura. Finita la lettura, che mi diverte sempre di più, ripongo con cura il mio giornale e succhio per cinque minuta la mia ciliegia sotto spirito... Allo scoccare della mezzanotte la rimetto quasi intatta nel suo barattolo di vetro dove ogni giorno vedo salire il livello della saliva... Non nego, egregio signore, che qualche volta vorrei qualche compagno a testimone della mia gioia. C'e il cane, è vero, ma questa è una faccenda di cui non sono autorizzato a parlere, almeno fino a che Lei non mi dia il suo consenso... Me lo dà, egregio signore? Ci posso contare? Spero di averLe detto con la massima franchezza tutto quello che può dire un uomo senza venir meno al riserbo che comporta una relazione epistolare con un estraneo. In attesa di una Sua risposta, che potrebbe essere l'inizio de uno scambio de vedute di reciproco interesse, distintamente La saluto... Deponga la Sua eventuale risposta in...

 Il Suo 



 


 

viernes, 25 de julio de 2025

"La vegetariana" (2007), de Han Kang


 

    La vegetariana cuenta la historia de una mujer cualquiera, "insulsa" a ojos de su propio esposo, quien reconoce haberla escogido precisamente por su falta de cualidades, convencido de que alguien tan vulgar cumplirá con as típicas obligaciones femeninas acatando su rol secundario en la casa y en la sociedad. Es cierto que no le procura las emociones de las mujeres bellas ni de los caracteres fuertes, pero quién prefiere el sobresalto cuando puede vivir en paz haciendo lo que le plazca con una servidora eterna. Así piensa él.
    Sin embargo, en algún momento, esa mujer cualquiera empieza a comportarse de forma extraña.
    «Por primera vez en cinco años —dice el marido—, salí hacia mi trabajo sin que ella me ayudara a prepararme ni me acompañara hasta la puerta.
    —¡Se volvió loca! ¡Totalmente loca!».
    Y es que esa mojigata insulsa acaba de emprender un camino tan extraño a su entorno que terminará convertido en simbólica odisea: no va a comer carne ni ninguno de sus derivados.

"Donde crecen las secoyas" 
(prólogo de a la edición española de Gabi Martínez)


viernes, 18 de julio de 2025

"Baigneurs" (1890), de Paul Cézanne

 


"A partir de los años 1870 y hasta el final de su vida, Cézanne multiplica las composiciones relacionadas con el tema de los o las bañistas. Su gran ambición es lograr la fusión total de la figura humana y del paisaje.
Cada elemento está tratado con la misma importancia, como una especie de arquitectura común. La atención del pintor no se fija en la carne como Renoir, pero más bien sobre los cuerpos que estructuran potentemente el espacio. El tema del agua está desatendido y el universo del cuadro sigue siendo esencialmente mineral. Solo la materia lisa, delicadamente irisada por las nubes, recuerda el apego de Cézanne por el impresionismo".

Musée d'Orsay. Paris.

domingo, 6 de julio de 2025

"Desayuno con diamantes" (1961), dirigida por Blake Edwards

 



Based on Truman Capote's novel, Breakfast at Tiffany's follows George Peppard's Paul Varjak as he moves into a New York City apartment building and immediately befriends an unusual young woman named Holly Golightly (Audrey Hepburn). The film, like its source material, doesn't contain much in the way of a plot, as the meandering narrative, for the most part, details the day-to-day exploits of the two central characters - with the leads' almost incredible charisma, Hepburn especially, going a long way towards compensating for the less-than-eventful nature of George Axelrod's screenplay. Blake Edwards' lighthearted treatment of the material ensures that Breakfast at Tiffany's, generally speaking, boasts an irresistibly playful and charming vibe, and there's little doubt that the movie benefits substantially from the inclusion of a few captivating sequences (eg Paul and Holly go on a shopping trip, Holly sings Moon River on her windowsill, etc). It's just as clear, however, that the film's overlength becomes more and more problematic as time progresses, with the movie's palpably underwhelming final stretch compounded by an increased emphasis on incongruously dark elements and plot twists. By the time the appealingly upbeat and feel-good conclusion rolls around, however, Breakfast at Tiffany's has, despite its erratic atmosphere, established itself as a captivating romantic comedy that lives up to its place as a classic of the genre. (This is, of course, despite Mickey Rooney's astonishingly racist turn as Holly's Japanese neighbor, Mr. Yunioshi.)

Reel Film Reviews (17 November 2012)