- ¡Ay, Heathcliff, levanta el ánimo! Acércate al espejo y te enseñaré lo que deberías desear. ¿Ves esos dos pliegues en el entrecejo y esas cejas tan pobladas, que se hunden en el centro en lugar de arquearse hacia arriba, por lo que esos dos demonios negros están tan enterrados que nunca se atreven a abrir las ventanas de par en par sino que destellan por debajo, al acecho, como espías del diablo? Desea y aprende a alisar esas desabridas arrugas, a levantar los párpados con franqueza, y cambia los demonios por ángeles confiados e inocentes que no sospechan ni dudan de nada, y que ven amigos por todas partes mientras no se demuestre lo contrario. No pongas esa cara de perro rabioso y de mala raza, que da por merecidos todos los puntapiés que recibe pero que a la vez odia a todo el mundo, no solo al que le pega, y eso es justamente lo que le hace sufrir.
Emily Brontë: Cumbres borrascosas
Graffiti del "Niño de las Pinturas" en el barranco del Abogado (Granada)
