viernes, 19 de junio de 2026
miércoles, 17 de junio de 2026
sábado, 13 de junio de 2026
La sarabanda
Baile sensual y escandaloso que fuera prohibido por la inquisición. Covarrubias la define como un baile alegre y lascivo porque se hace con meneos del cuerpo descompuestos. A ella el padre Juan de Mariana le destina la más severa de las críticas en su obra De spectaculis: “ha salido estos años un baile y cantar lascivo en las palabras, tan feo en los meneos que basta para pegar fuego aun a las personas más honestas”, y, sin embargo, pese a las muchas condenas que recibió en el siglo XVI, la zarabanda, cambia en su nombre la z por una s, cambia de imperio y de siglo y se convierte en la danza lenta y profunda centro mismo de la suite francesa. Un barbero mudado en diablo cervantino nos escandaliza al recordar que fue en el infierno donde tuvo su origen y principio y, sin embargo, esta danza no deja mudar su espíritu siendo todavía, en pleno siglo XXI, memoria musical del profundo deseo por lo hermoso.
Publicado por el Instituto Cervantes
Zarabanda
Tiembla ciudad ronca, ciudad renga, ciudad rambla
gira bombo d rupias y ratas, en contradanza.
Ciudad maligna: miro tus tachos, miro tus techos, miro tus tetas
y en una esquina indigna podría comerme 12 croquetas.
Cuánto vale una rumba d cascabeles en competencia
cuánto cuesta un helado, una sonrisa, una paciencia
cuánto
este moho oscuro que todo llena d lentejuelas
del pasado oportuno: biblias, grilletes y castañuelas.
Sé que t gusta el mambo, quieres ser miembro d la porfía
sé q chupas y soplas, soplas y chupas con rebeldía
sé q cantas Habana
cual se tratara d un Paradiso
sueños d marihuana
lamiendo culos por un permiso.
Ah…
arrastrate serpiente, corre venado, calla tortuga
trinen los pajarillos, q baile el niño con su maruga.
La lengua se me traba en un trabalenguas d la prehistoria
tiene el preso su jaula, tiene el custodio su pan
d gloria.
Zarabanda, zarabanda, zarabanda.
Omar Pérez: Algo de lo sagrado (1995)
martes, 2 de junio de 2026
"El crisantemo y la espada" (1946), de Ruth Benedict
El modo japonés de enfocar la vida es justamente aquel que expresan las fórmulas del chu, ko, giri, jin y los sentimientos humanos. Para ellos, "el deber total del hombre" está parcelado, como un mapa que se divide en distintas provincias. Según afirman, la vida individual consiste en "el círculo de chu", el "círculo de ko", el "círculo de giri", el "círculo de jin", el "círculo de los sentimientos humanos" y muchos más. Cada círculo tiene su código especial detallado, y un hombre no juzga a sus semenjantes atribuyéndoles una determinada personalidad, sino diciendo de ellos que "no saben lo que es el ko", o "no saben lo que es el giri". En lugar de acusar a un hombre de ser injusto, como haría un norteamericano, especifican el círculo de comportamiento que no ha cumplido. En lugar de acusarle de egoísta o despiadado, los japoneses nombran la provincia particular cuyo código ha violado. No invocan ningún imperativo categórico ni ninguna regla de oro. La aprobación del comportamiento está relacionada con el círculo dentro del cual aparece. Cuando un hombre está actuando "por el ko" actúa de una manera, y cuando lo hace "simplemente por el giri" o "en el círculo del jin" actúa de otra —o al menos así les parece a los occidentales—. Los códigos, incluso dentro de cada círculo, están estructurados de tal manera que cuando las condiciones cambian puede ser necesario, y legítimo, un comportamiento muy distinto. [...]
A los occidentales no les resulta fácil creer en la habilidad de los japoneses para pasar de un comportamiento a otro sin ningún daño psíquico. En nuestra experiencia no entran posibilidades tan extremas. Sin embargo, estas contradicciones —según nos parecen a nosotros— se basan en su concepción de la vida de un modo tan profundo como las "uniformidades" del occidental en la suya propia. Los occidentales deben comprender, y esto es muy importante, que entre los "círculos" que dividen la vida de los japoneses no hay ningún "círculo del mal". Esto no significa que los japoneses no reconozcan la existencia del mal comportamiento, es simplemente que no ven la vida humana como un escenario en el cual las fuerzas del bien contienden con las fuerzas del mal. Ven la existencia como un drama que exige un cuidadoso equilibrio entre las exigencias de un "círculo" y las de otro, entre un modo de proceder y otro, siendo cada círculo y cada modo de proceder buenos en sí mismos. Si las personas se guiaran por sus instintos verdaderos, todo el mundo sería bueno. [...] Aunque en su origen todas las almas brillan por su virtud como una espada nueva, sin embargo, terminan oxidándose si no se mantienen pulidas. Esta "herrumbre de mi cuerpo", como ellos lo expresan, ocasiones el mismo deterioro que el que sufre la espada. Un hombre debe cuidar su carácter como cuidaría aquella. Pero su alma brillante y resplandeciente está aún presente bajo la herrumbre, y lo único que hace falta es pulirla de nuevo.
lunes, 1 de junio de 2026
"No amarás" (1988), dirigida por Krzysztof Kieślowski
Nella maggiore sintesi dell'episodio televisivo quello di Tomek appare como un itinerario di maturazione che si conclude con lo sfatamento dell'illusione dell'amore, con il ridimensionamento della propria passione entro i limiti del rapporto umano: "Ho smesso di guardarla", confessa Tomek con i polsi fasciati a Magda, attraverso il vetro dello sportello. Una guarigione, dunque, da quello stato di assurda, goffa vulnerabilità permanente procurata a chi ama dal suo sentimento totalizzante. Nella versione cinematografica il finale mostra invece l'effetto che l'amore cieco dell'indifeso Tomek produce sulla cinicità di Magda, convertita in extremis all'immaterialità dell'amore como condivisione della vita, come solidarietà e non solo come mezzo di difesa dalla solitudine attraverso il godimento reciproco. Le due diverse conclusioni sono comunque i due aspetti dialettici del rapporto tra Magda e Tomek: l'amore è un processo di scambio, dal quale si esce sempre trasformati, condotti in una dimensione reale che, con la caduta delle illusioni individuali (l'illusione "romantica" di Tomek, quella "antiromantica" di Magda), dà finalmente inizio ad un rapporto di accettazione e compenetrazione reciproca.
Serafino Murri: Krzysztof Kieslowski



