Para el inspector Javert, el cumplimiento del deber es lo que da sentido a su vida. Cuando Jean Valjean, a quien llevaba buscando implacablemente durante años para que recayera sobre él el peso de la justicia, lo libera de una muerte segura, Javert se siente escindido por un terrible dilema: apresar a Jean significaría obrar conforme a la justicia pero de manera inmoral; y, viceversa, dejarlo en libertad sería obrar conforme a los principios morales pero en contra de la ley. Incapaz de encontrar una solución a este dilema, Javert toma una trágica decisión.