Escribo con pulso tembloroso. Las palabras escritas por otros son signos con vida propia y dejo que guíen mis trazos. No sé adónde me conducirán con el pasar de los años. Todo está ya escrito, excepto el porvenir. Sin la ayuda de las voces que me sirven de guía, soy incapaz de escribir un futuro que me complazca. Necesito volver a trazar las letras de las palabras ya escritas con esmerada caligrafía, evitando los garabatos, respetando los renglones, sin emborronar el papel. Porque cuando la vida se vuelve ilegible incluso para uno mismo, cuando todo es un sinsentido, se tiñen de negro las almas.