jueves, 6 de mayo de 2021

Sobre la tolerancia de creencias en Al-Ándalus

 "El Alcorán, fruto del sincretismo religioso, era ya un monumento de tolerancia, puesto que fundía las creencias islámicas con las del judaísmo y el cristianismo. La idea sufí de que todos los caminos llevan a Dios estaba ya sugerida en aquel libro, fundado a su vez (me atrevo a pensar) en la creencia de que nada es sustancial ni seguro fuera de la esencia divina. La indiferencia hacia la realidad sustancial de las cosas enlaza con pensamientos como éste: "los caminos que llevan a Dios son tan numerosos como las almas de los hombres". Esa postura básica de tolerancia (a veces olvidada, porque no hay religión que sea totalmente fiel a su credo) se fortificó durante la expansión del Islam, a cuyo dominio político hubieron de someterse rápidamente pueblos de creencias muy diversas; la convivencia religiosa facilitaba la explotación de los países conquistados, y ofrecía horizonte amplio al musulmán cosmopolita, apto para hallar interés a su vida lo mismo junto al Éufrates que junto al Ebro. Mas aparte de esa consideración pragmática, la ascética y la mística musulmanas (sufismo) hubieron de hacer de la tolerancia (o de la indiferencia dogmática) el centro mismo de su experiencia religiosa, basada en el amor de Dios, en el rapto cordial, y no en el conocimiento. Así pudo decir el murciano Ibn 'Arabi:

Mi corazón puede tomar cualquier forma: es un pasto para gacelas y un convento para monjes cristianos.

Un templo para ídolos, y para la Kaaba de los peregrinos, y para las tablas de la Tora, y para el libro del Alcorán.

Sigo la religión de amor: sea cual fuere el rumbo de los camellos de mi amor, allá están mi religión y mi fe.

Bajo el sol, o dentro de sí mismo, camina el muslim -siempre un poco beduino- hacia lejanos y mudables horizontes, aunque bien anclado en la profundidad de su corazón. No le sorprenden las proximidades y convivencias extrañas. Judíos y cristianos pululaban por Córdoba, revueltos con los esclavos eslavos, que traficantes venecianos hacían llegar a España. Hasta fines del siglo XI, prescindiendo de violencias aisladas, los sarracenos dejaron en paz dentro de sus ciudades a quienes no perturbaran la suya."

Américo Castro: España en su historia: cristianos, moros y judíos (1948)



Miniatura medieval (siglo XIII)