TIZIANO
El que en Milán nieló de plata y orola soberbia armadura; el que ha forjadoen Toledo este arnés; quien ha domadoel negro potro del desierto moro...El que tiñó de púrpura esta pluma-que al aire en Mulberg prepotente flota-,esta tierra que pisa y la remotaplaya de oro y de sol de Moctezuma...Todo es de este hombre gris, barba de acero,carnoso labio socarrón, y durosojos de lobo audaz, que, lanza en mano,recorre su dominio, el orbe entero,con resonantes pasos, y seguros.En este punto lo pintó Tiziano.
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"Aquella España, en cuyos dominios no se ponía el sol, era más apariencia que otra cosa. El Estado poderoso, monolítico y virtuoso que presentaban los libros de historia de nuestro bachillerato, aquel paladín victorioso del catolicismo contra los herejes protestantes y contra los paganos turcos, era, en realidad, un endeble conglomerado de regiones que no tenían casi nada en común: ni costumbres, ni instituciones, ni lengua, ni intereses económicos. Su precaria unidad política se basaba en la fe, que, como es sabido, mueve montañas. Religión y política se fundieron y confundieron hasta el punto de que en la correspondencia palatina circulaba la expresión "ambas majestades", alusiva a Dios y al rey, un pomposo título, traído también por los Austrias, que había venido a sustituir al genuinamente español alteza, usado por los reyes españoles".

